Empecemos con algo facilito: ¿Qué es lo que habrá pasado en los próximos 5 segundos?
1) 500 niños en África habrán muerto por malnutrición o enfermedades infecciosas que en Europa estaban erradicadas hasta que llegaron los "Anti-vacunas".
2) Al menos 5000 personas en todo el mundo han creído tener una idea cojonuda para hacer un videojuego y convertirse en la próxima sensación indie.
Como ya dije, era fácil: obviamente ya sabrás que la primera afirmación es falsa (no voy a insultar a la inteligencia de nadie con algo que se descubre con una simple multiplicación) y creerás que la segunda es la cierta, ¡pero no! La segunda también es falsa porque no fueron 5000 sino probablamente 10000 o 50000 las personas que pensaron eso únicamente en este rato.
Sí, son muchas. Y de todas esas, al menos la mitad se lanzarán al agua a hacer ese juego que se les ha ocurrido (vamos a ser salomónicos y pensar que de 10000 nos quedan 5000, dato totalmente subjetivo pero seguramente inferior al real); y de esas al menos la mitad perseverarán hasta tener algo jugable; y de esas al menos la mitad lo "lanzarán al mercado". Así que ahora tenemos unas 1250 personas que en algún momento del futuro harán 1250 juegos indie.
¡Y eso sólo con las ideas surgidas en los últimos 5 segundos! Ahora pensad de cuántos juegos indie habéis oído hablar en el último año. El resto son fantasmas. No podemos decir que eran los peores porque tampoco los hemos conocido, simplemente son esos que no consiguieron que ni tú, ni yo, ni nadie supiéramos ni que existían.
Pero antes de este duro golpe de realidad está la ilusión, el esfuerzo [y el dinero perdi… invertido]. Y así fue como empecé yo, con mi gran idea. Y lo cierto es que me parecía que la cosa no podía pintar mejor porque me miraba en el espejo y no veía más que cosas buenas. Cosas que estaba seguro que nadie más en el mundo tenía. ¿Cómo podía fallar?
Tenía una inmensa motivación y una gran pasión desde que tengo consciencia de mí mismo. Vamos, que lo sabía todo sobre mecánicas, guionización, construcción de personajes, etc... "Joder, sólo con esto ya debería estar forrado. Soy tan especial...", pensé.
No tenía experiencia haciendo videojuegos pero gran parte de mi experiencia laboral (15 años ya) sí estaba centrada en la programación y la planificación por partes iguales. "¡Uf! No hay tecnología que se me resista ni planificación realista que me gane. ¡Voy a petarlo muy fuerte!", me decía para mí mientras frotaba [las manos].
Además me había estado preparando y había hecho algún curso a distancia de guiones de videojuegos. “Me voy a inventar unas historias que la peña va a fliparlo de manera insana”.
Me enteraba de todo lo que ocurría en el mundillo y opinaba a carrillos llenos: sabía si Kojima comía ramen o udon, pregonaba con aire de entendido que lo mejor de Molyneux se había quedado en el Populus y despreciaba los análisis que le daban a un juego un 9,1 cuando era obvio que era un 9 raspadito. "Si es que el periodismo ya no es lo que era..." repetía una y otra vez en mi cuenta de Twitter con 10 seguidores. “Pero 10 seguidores de verdad, nada de bots”.
Pero no creáis que yo era el típico tío guapo, sensible y duro a la vez y con cerebro que se confiaba demasiado. Yo sabía que si quería intentarlo tenía que dar el 110% y conseguir una gran sinergia conmigo mismo. Así que miré mi extracto bancario y convencí a mi embarazadísima mujer para disponer de 1 año en pos de mi sueño. En 1 año se demostraría claramente si era un puto genio o… ¡O nada! Que soy un puto genio y punto
Así que, ¿qué fue lo que hice?
Dejé mi curro, por el que recibía un sueldo considerable, a cambio de nada. Y cómo era tan chulo y futuro rey del bit quemé todos los puentes y ni siqueira me “arreglé el paro”, que dicen.
Me inventé un nombre que era la rehostia para lo que sería mi futuro estudio indie y compré dominios, emails, herramientas de desarrollo, licencia de la App Store, lápices, blocs de dibujo, un monitor más grande, chocolate Valor (¡qué menos!), yogures de galleta María, etc.... Total, creo que fueron como unos 600-700 euros, yogures y chocolate aparte. A estos gastos habría que sumarle los 12 meses de alquiler, factura y demás, claro.
Tomé el compromiso, durante todo este tiempo, de poder dedicarme a gusto y sin preocupaciones a perseguir mi sueño mientras que al menos debía mantener la casa limpia (mi mujer, aparte de embarazada, seguía trabajando) y disfrutar de mi futura primera hija, tanto antes de nacer como después.
Y me puse a pensar y a programar todo loco. Y cómo yo ya me sabía toda la teoría lo primero fue que debía ser algo pequeño, nada de proyectos ultra-ambiciosos que nunca se terminarían. ¿Hacer algo que me guste? ¡Error! Soy TAN especial que lo que a mí me gusta nadie era capaz de entenderlo. Lo mejor era coger un juego de éxito y darle mi toque de calidad superior. No era un clon: era una e-v-o-l-u-c-i-ó-n.
A partir de aquí ya es una historia de largos días programando y largas noches limpiando y haciendo la colada (programando entre medias); de vicios interminables y lloros de emoción ante cada nueva patadita de mi futura hija (programando entre medias). Fue, sin duda, una época en mi vida que merece estar en el TOP 3. Hasta aquí todo bien y seguro que a alguno hasta os suena pero el resultado tras 1 año de aventura fueron 2 juegos publicados (ambos publicados para iOS y Android), ambos fracaso absoluto (no os aburriré con cifras de descarga de 3 dígitos) y un total de 15 euros de beneficios. Fracaso tan rotundo que no me quedó otra que volver a un aburrido [aunque al menos bien remunerado] trabajo.
¿Que de cuántas cosas me arrepiento? Sólo de una: no haber hecho lo que quería. Ese fue mi gran y único error. Hice lo que creía que podría funcionar pero no lo que realmente quería hacer yo. El resultado fue que ni funcionó ni me quedé a gusto conmigo mismo porque, a pesar de todo el esfuerzo, me quedé con la sensación de que no hice todo lo que podía. A la mierda los análisis, a la mierda las tendencias, a la mierda el negocio. El que algo salga bien o mal a nivel comercial es, o pura chorra, o puro negocio, y yo no tengo madera para ninguna de las dos.
¿Y he sacado algo bueno de todo esto? Bueno, que como no siento que haya hecho lo que realmente quería y era capaz de hacer, pues sigo dándole vueltas a ver cuándo vuelvo a intentarlo.