


Pero, a ver… ¿Qué es lo que está pasando con los survival horror? Y no hablo del «Last of Us» (que cada vez que alguien lo llama survival se me erizan todos los pelos, pero eso ya es otra historia), sino de los juegos esos con los que deberíamos estar cagándonos en los pantalones mientras sudamos como cerdos por sobrevivir. Supongo que es la manía esa de comprar los videojuegos con el cine y, claro, como el cine hace años que ha jodido por completo el género, pues ahora le toca a los videojuegos, ¿no?
Antes se hacían películas “de miedo” donde lo importante era eso: el miedo. No las vísceras, ni el asco, ni los sustos (ya había otras películas para ver estas cosas); sino el miedo más puro, el que sólo se puede conseguir apelando a los terrores privados disfrazados de situaciones cotidianas. La silueta de un niño inmóvil a los pies de la cama, arañazos en la puerta del armario (desde dentro, claro), escuchar pronunciar tu nombre cuando estás solo en casa.
En un videojuego todo esto es un complemento perfecto pero, oye, que esto no es una peli, es un juego. Interacción y decisiones. No puedes hacer una película de miedo, meter un monigote que se mueva por ahí a gusto del jugador y decir que es un videojuego. Eso se llama, simple y llanamente, una atracción de feria, pasearse por un escenario.
Tristemente «Outlast» sigue la estela de esa nueva moda de hacer túneles de la bruja y ponerles la etiqueta de survival horror. O peor, decir que es un juego de acción (mirar Meristation o vuestro catálogo publicitario favorito). ¡Si precisamente lo que no tiene es acción! ¿Estamos todos locos o qué?
Un juego es esencia interacción y decisión. Si resulta que en «Outlast» no puedes usar armas, no puedes decidir si defenderte o salir por patas, no puedes coger objetos, no tienes que romperte la cabeza con puzzles; pues blanco y en botella, no es un juego. Que sí, que puede gustarte el ir de un lado a otro sin nada que hacer más que sufrir los sustos predefinidos por los desarrolladores y maravillarte con las cinemáticas que han preparado para tí, para que lo consumas todo mientras comes palomitas. Pero no te engañes diciendo que estás jugando a nada.
En una palabra: AsíNo
Hacía mucho tiempo que tenía ganas de pasar miedo jugando a un videojuego, pero últimamente el género de los “survival horror” no se puede decir que este en lo más alto. ¿Cual fué el último juego que me hizo no poder jugarlo solo y a oscuras? Me atrevería a decir que “Silent Hill”..., si, el de PS1. Hoy en día más que “survival horror” son “action horror”.
Pero Yeyo me dijo:
-Tio, he pillado un juego que parece que si va a dar miedo, “Outlast”.
y yo le dije:
-Pues nada, vamos a catarlo…
Me senté delante de la pantalla apagué las luces, me puse los cascos y…
Aparentemente se presenta como un FPS, shooter en primera persona, con un apartado gráfico más que correcto y una sensación de movimiento muy conseguida. Representa que eres un reportero que llega a un psiquiátrico siguiendo una pista y en la puerta no hay nadie para recibirte por lo que, como buen gamer, me puse a buscar alguna manera de entrar.
Durante esos primeros minutos deambulando por las zonas exteriores del loquero me llevo mis primeras sorpresas.
- Los gatillos no parecen tener asociadas acciones de armas, sino, de leves movimientos laterales que simulan una inclinación a los lados.
- Puedes usar la cámara que llevas para mirar a través de ella y grabar cosas
- El inventario para inexistente
Además de las sorpresas jugables he disfrutado/soportado varios sustos dignos de un niño de 10 años que acaba de ver el exorcista…
El grado de inmersión es brutal y el sonido que lo acompaña ayuda mucho a dar la sensación de inseguridad que tienen que transmitir este tipo de juegos.
Estoy convencido que las siguientes horas dan a dar para muchos sustos más!
En una palabra: Terror
